Otro lunes y otra canción, en esta ocasión nos acompañara On My Way de Woodpecker & Co. que, aunque parezca lo contrario, son de Valladolid. Y digo "aunque parezca lo contrario" no ya solo porque canten en inglés, sino porque practican un contundente y muy británico estilo post-punk lleno de una energía contagiosa y contundente. Ya lo dicen ellos mismos, su EP, sabiamente titulado Define Dancing, esta hecho para hacer a la gente bailar. Bailemos, pues.
A todo esto solo queda añadir que pueden descargarse gratuitamente su EP en su bandacamp, les aseguro que vale mucho la pena.
Pues sí, queridos, hoy vuelve la cocina al blog y esta vez se trata de una receta muy difícil, pero mucho, tanto que casi me dejo la vida en ella. Pero como tengo fe en que seréis más habilidosos que yo os la paso, empecemos:
Os presento mis trufas de chocolate:
Como ya os he dicho es una receta muy complicada y con muchos ingredientes (algunos de ellos muy exóticos y casi imposibles de encontrar), así que procuraré ir poco a poco:
Ingredientes:
120 grs. de chocolate negro
50grs. de mantequilla.
un par de cucharadas soperas de cacao en polvo (puede substituirse por virutas de chocolate o de caramelo, coco rallado o frutos secos rallado)
Que no se me agobie nadie que ahora viene lo peor:
¡¡LA ELABORACIÓN!!
Troceamos el chocolate y la mantequilla y lo fundimos todo junto al baño maría mientras removemos con una cuchara de madera para que quede bien mezclado. Recomiendo hacerlo mientras se escucha música, porque aunque es rápido es más divertido si se remueve al ritmo de alguna canción que nos guste, en mi caso me dedicaba a berrear (porque yo no canto) una canción de La casa azul.
Una vez fundido lo dejamos reposar durante una hora y media o dos horas, dependiendo de si lo dejamos en la nevera o no, removiéndolo de vez en cuando con la cuchara. El objetivo es esperar a que la masa se endurezca lo suficiente hasta que sea moldeable. Cuidadín, no os despistéis y se quede duro como una piedra.
Una vez sea una masa moldeable separamos una yema de su clara y vertemos sobre el chocolate la yema. Volvemos a remover mezlando la yema y el chocolate hasta que quede brillante y un poquito más blando.
Ponemos un par de cucharadas soperas de cacao en polvo en un plato y ahora nos enguarramos, porque toca coger pequeñas porciones de la masa para hacer bolitas y rebozarlas por el cacao.
Y ya están hechas, así que a guardar en la nevera hasta el momento de comérselas.
Vale, lo he contado todo como muy dramático, en realidad son facilísimas de hacer y quedan muy buenas. Aunque he de reconocer que la receta me la he medio inventado: tenía chocolate que me había sobrado de una tarta y decidí hacer bombones para regalar en San Valentín (ya saben que servidor es 1/3 japones y un 6/5 coreano), pero cambié de idea y decidí buscar alguna receta de trufas. En la mayoría usaban, a parte de los ingredientes que utilice, nata, leche condensada, dulce de leche, licores varios y/o chocolate blanco, pero como no tenía nada de eso decidí arriesgarme y las hice tal y como he contado, quedándome con lo más esencial de las recetas que encontré. El resultado fue una delicia digna de un rey. Como veis no se lo que significa ser modesto.
Aquí podéis ver una instantánea de las trufas que le regale a una de mis amigas:
Trufas, martini blanco, frutos secos y buena compañia... ¿hay un modo mejor de celebrar San Valentín?
Para empezar la semana con energía os traigo George de The Casters, grupo que por fin esta a punto de sacar si primer disco con Subterfuge tras varios años tratando de hacerse un hueco en el mundo de la música. Durante este tiempo han llegando a compartir escenario junto a Crystal Castles, Artic Monkeys, The Zombie Kids, Crystal Castles o Delorean. Han girado por Canadá (y todos sabemos que Canadá, en cuestiones musicales, mola) y en el Reino Unido están empezando a hablar muy bien de ellos, lo cual al grupo le da cache y a nosotros una razón para interesarnos por ellos, así que os recomiendo que no solo escuchéis George sino que también os descarguéis, legalmente, Once We Are, el tema que le da nombre a su disco debut desde aquí.
Feliz semana
P.S.: Me encanta ponerme en plan moderno de mierda-hipster-gafapastoso-sabelotodo.
P.S.2: ¿Soy el único que lo flipa (con cierto retraso, lo admito) con Hora de aventuras? Creo que tarde o temprano tendré que hablar de esta serie.
P.S.3: Os reconozco que la canción del hijísimo de la Saritísima ha estado a punto de ser la canción de la semana, pero de haber sido así ninguno de nosotros hubiera soportado tanta maravillosidad en apenas 4 minutos (espero que el sarcasmo se haya notado)
Hoy les hablaré sobre La dama del lago (Lady in the Lake), adaptación de la novela homónima de Raymond Chandler dirigida y protagonizada por Robert Montgomery, quien también ejerce de director. La película cuenta como Phillip Marlowe, un detective privado, trata de solucionar sus problemas económicos reciclándose en escritor de novelas policíacas, pero la editora a la que entrega su manuscrito lo contrata para que encuentre a la esposa desaparecida de su jefe, la cual podría estar involucrada con una muerte.
Visto así no es más que otra cinta de cine negro de los años 40, con su detective con el agua al cuello, mujer fatale y misterioso encargo en el que nada es tan simple como podría parecer, pero lo que convierte a esta película en toda una rareza es que Montgomery decidió rodarla en primera persona, toda una proeza técnica en la época, para enfatizarla subjetividad de la historia, siempre narrada desde el punto de vista de Marlowe.
Esto es, al mismo tiempo, su mayor atractivo y su mayor problema. Por un lado es realmente curioso ver como todos los actores actúan mirando constantemente a la cámara (Marlowe) o como el protagonista , al que solo vemos cuando se refleja en un espejo, interactua con lo que le rodea: cuando debe abrir una puerta veremos su mano abriendo la puerta, cuando fuma el humo cubrirá la pantalla y cuando bebe el vaso se acerca a la cámara. Y si bien es cierto que se involucra mucho más al espectador, que tiene la sensación de ser el quien esta investigando, resulta un recurso un tanto prescindible y lastra la narración de la película, que se convierte en una sucesión de personajes mirando a la cámara mientras sueltan centenares de datos sobre lo que saben acerca de la desaparecida.
Pese a todo es una película interesante de ver, no ya solo por la curiosa puesta en escena, sino también porque pese a ser algo confusa nunca aburre.
Recomendada a: los amantes del cine negro y a los buscadores de rarezas.
Lo peor: que la propuesta simplifique enormemente la narración cinematográfica y casi la convierte en una atracción de feria. La trama es un tanto confusa.
Lo mejor: la manera en la que implica al espectador convirtiéndolo, literalmente, en el protagonista de la cinta. Un reparto exageradísimo que no hace más que enfatizar que están hablando con el espectador. El jugeton sentido del humor.
Y ahora les dejo con un trailer, algunos carteles e imágenes de la película:
La secretaria sexy tras la cual se le van los ojos al protagonista.
Mi última obra maestra por el momento es un cuento muy dulce, muy dulce y lleno de buenos sentimientos... o algo así. También he intentado que el final no fuera previsible. Clickad sobre las imágenes para poder leer el texto sin perder la vista:
P.S.: Cualquier parecido con la Shizuca de Doraemon y con el perro del Babala club es pura coincidencia, lo juro.